Armamos un Beer Mile y no fue un fracaso

El 1º Neuquén Trail Beer Mile fue un hecho. Y fue un éxito porque no fue una carrera y el objetivo de tener una excusa para tomar birra y correr se cumplió.
Estamos tan acostumbrados a que los proyectos no funcionen en nuestras vidas que teníamos la vara bastante baja a la hora de armar este Beer Mile. Este era el cuarto año consecutivo en el que mostrabamos intención de hacerlo, pero el historial decía que no iba a funcionar. Así que pusimos la vara bien baja con el Ropo y lo redujimos a «Si somos nosotros dos, ya está bien».

Pero creo que me fui por las ramas y no explique de que se trata. Un beer mile es una milla (como la de la pista de atletismo, 4 vueltas de 400 metros) pero con el agregado de tomarse una lata de cerveza antes de empezar cada vuelta. Hay una zona de birra, un reglamento, y un par de cosas más que nosotros tomamos (ja, fue sin querer), adaptamos y lo trajimos a la barda (nuestros trails, senderos, o como les parezca). No es nada que hayamos inventado – en Estados Unidos es muy popular y tuve la posibilidad de presenciar uno cuando estuve por allá, desde ahí, es que viene la sucesión de fracasos de los otros años hasta llegar a este en el que fue posible.

Al final, abrimos un poquito el juego y de un montón de consultas, de un montón de «vamos, es ideal para mí» – o los falsos «a mi juego me llamaron» de mi compañero y amigo Cristian «Tutu» Cardenas (si, con nombre y apellido, para que sepan que arrugaste y no viniste), terminamos siendo 8 rancixs (porque vino la Tami a vender un poco de humo y a robarle las cervezas a Daniel). Y ahí está, no fue un fracaso, fue un éxito rotundo porque hubo un sólo descalificado por vómito, y siete finalistas de este primer intento.

Creo que ni en mis años de ebrio voraz escuche tantos eructos violentos, guturales y salidos desde las mismísimas vísceras de los que me rodeaban. Ni tampoco creí que me iba a poder fondear una lata de birra en mi vida. Pero bueno, todo se puede, nada se pierde, todo se transforma y uno se pone viejo y va adquiriendo nuevas habilidades parece. Obviamente, nada útil, nada de trabajar ni mucho menos que sirva para algo en la sociedad. Y sigo sin correr rápido.

Todo el registro fotográfico fue de los compas de Finisher, Carlos Mir y Juan Pablo Liotta que son tan estúpidos como nosotros y se vinieron hasta acá a registrarlo. Tengo un poco de miedo de la nota de cierre de lo que hayan grabado, porque después de la segunda birra estaba totalmente ebrio cual tío infumable en casamiento tipo 4 – 5 de la mañana bailando desconocido una de los Decadentes. Por suerte estábamos todxs iguales.

Dejo el track en Strava para los curiosos, porque al final, me propuse participar en una carrera o algo así por mes, y la de noviembre fue este Beer Mile. Un éxito todo, al final, viene todo sobre rieles.
Para quienes vayan al Cruce o a Ribera Run Experience nos vemos ahí, que ahora me toca trabajar así me gano las bebidas navideñas.


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